Cómo hablar de las segundas sin pensar en las pérdidas, los fracasos, cómo verlo desde el otro contrapunto preciso. Alguien me ha hecho cambiar de prisma, justo a veces la vida te deja mirar hacia adelante y también hacia detrás, y eres capaz de valorar decisiones adoptadas, más o menos importantes, mejores, regulares, no tan vitales, pero siempre, siempre mejorables… y además cuando eres capaz de mirar con esa óptica luego te atreves a mirar hacia adelante e incluso a cambiar algunas decisiones futuras, para adoptar las segundas…

Por qué no somos capaces de perdonarnos, no, no, mejor, por qué no somos capaces de darnos a nosotros mismos una segunda oportunidad, para aquello que necesitamos mejorar, experimentar, seguir aprendiendo, disfrutando, viviendo.

Ni siquiera eso de que el segundo es el primero de los perdedores, debe pasar como pensamiento ahora, ¡porqué debemos vernos como perdedores en nuestra vida!. NO

Yo he decidido desde hace algún tiempo que mis decisiones las tomo yo. Y que quiero adoptar aquellas segunda decisiones, que unidas por mis otras decisiones previas conformarán quien soy. Se llama despojarse de todo, y ser valiente para vivir, para equivocarnos, me llegan a decir. Pero hay un momento en la vida de cada cual, cada uno sabe cuál es ese momento en el que ya da igual qué piensen de uno, qué digan de uno, qué cosa pase alrededor, a pesar de nuestras segundas decisiones, distintas a las primeras. Incluso radicalmente opuestas a las primeras.

Mi vida siempre ha estado marcada por una misma premisa, “AMAR APASIONADAMENTE EL MUNDO”, y si esto lo haces a cada momento, nunca hay lugar a la duda, al error, a que mañana te preguntes, ¿escogí mal? Porque la vida y sus circunstancias saben qué es mejor para nosotros si amamos quienes somos, y lo que queremos hacer, y con quién a nuestro lado para compartirlo (laboral, profesional, personal, o amorosamente hablando) no habremos errado nunca.

Si tu premisa principal no cambia, si tu esencia permanece, las segundas serán hasta eternamente más maduras, meditadas y te llevarán al destino que quieras crear con tu vida, con cada paso.

Un santo hablaba de que no había bendiciones para la última piedra colocada, y a mí me gustaría decir, y no es la segunda oportunidad que nos demos, que le demos a la vida, a esa persona, a ese trabajo, a ese cambio de mentalidad, la que nos llevará a la última piedra de la vida. Vivir sin miedo se llama.

Es San Juan de la Cruz, quien nos dice que en el ocaso de la vida seremos juzgados en el amor, solo tendremos que pensar, en cuanto amé… y qué hay de mi, cuanto amé mi vida, cuanto me respeté a mi mismo, incluso con el cambio de mis decisiones, incluso en mis propias luchas internas, en eso que no comprendemos hoy, y lo mejor, en aquello en lo que no hay que esforzarse, cuando uno ama al otro.

La vida en este mundo comunista, capitalista, machista, moralista, y en todos los extremos que hemos conocido no han querido ser auténticos porque jamás han permitido tomar la segunda decisión, porque a veces está feo cambiar de planteamiento. Solo porque ir contracorriente molesta, porque decir la verdad, vivir la verdad es molesto para el resto. Pero la fuerza del corazón nos debe llevar a ser auténticos, incluso por toda la eternidad, ¿cómo?, solo se me ocurre una manera, con las segundas oportunidades, con las primeras, con todos los segundos en los que la vida nos permite amar.

¿Amar? Los que no saben qué significa esta palabra no podrán entender de qué hablo, pero es que “cuando un corazón anda loco de amor”, quiere amarlo todo, su trabajo, su coche, su perro, su todo, su dinero, cada uno tiene algo a lo que amar, por lo que morir, para mí solo mis personas, las vidas que están junto a mí; Cada uno debe aprender a amarlo todo, nuestra vida, nuestro trabajo, nuestros amigos, a nuestros enemigos, los grandes ideales, la libertad, el respeto a los demás, al gran amor de la vida que es “el otro”, los grandes amantes que son los hijos, por ejemplo, etc,

Lo que quiero contaros es que sin el amor, nada nada nada, nada podrá tener una segunda mirada, para dar un giro o quizá para permanecer un día más en el camino escogido. Vivir con valentía con autenticidad, porque un día llegará el ocaso, y querremos saber si deberíamos haber vivido esa segunda oportunidad, infinitas oportunidades, los instantes, esos segundos que nos hacen vivir, los que nos hacen sentir que estamos vivos…

Tú, mi segunda decisión, escogida. Quiero vivirte llena de amor. Con alegría y sonrisa.

¿Te atreves a vivir así? Mi segunda

Quiero pensar llena de esperanza que la segunda está por venir, y que será mejor que la anterior, y que también para ti será la mejor… incluso después.

 

Macarena Perona.

Abogada y experta en Modelos de negocio ganadores y Economía Digital.

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